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Palabras de presentación del libro CADENA DE CUSTODIA PDF Imprimir E-mail
Escrito por José Virgilio Valerio   
Viernes, 10 de Diciembre de 2010 13:51

 

Señor Procurador de la S.C.J. de la Provincia de Mendoza

Estimados autores

Señoras y Señores

No puedo comenzar estas palabras sin agradecerle al Señor Presidente del Colegio de Abogado y en su nombre a todos sus miembros el permanente apoyo que nos han brindado a todas la actividades del Instituto de Altos Estudios de Derecho Penal y Derecho Procesal Penal, Comparado, como también al Señor Procurador de la Suprema Corte de Justicia de Mendoza, Dr. Rodolfo González, quien siempre tiene abierta la puerta de su despacho a todos los que tengamos inquietudes para mejorar el funcionamiento del servicio de justicia.

Es una satisfacción tener la oportunidad de realizar la presentación del libro “Cadena de Custodia”, que como toda obra humana, un libro nos dice cómo es el autor, el porqué del motivo de su realización y para qué se lo hizo. También podemos expresarlo con aquellas palabras bíblicas, que son patrimonio de la humanidad: por sus frutos los conoceréis. O más modernamente podríamos hablar de sociología del conocimiento.

¿Cómo son los autores?

Este libro está escrito por José Gustavo ESCUDERO, Sandra Cristina FLORES y Mauro Hernán PERASSI, pero a diferencia de otras obras de similares características que tienen individualizados los capítulos o partes escritos por cada uno, ellos la presentan como una obra en conjunto, colectiva.

No requiere ningún esfuerzo y la experiencia nos lo indica, que por las profesiones y actividades de cada uno seguramente han tenido primacía en la elaboración de las diversas partes.

La importancia de destacar este aspecto está relacionado no sólo con el esfuerzo compartido y como equipo, lo que es loable en sí mismo, sino que el resultado obtenido tiene una coherencia y sistematicidad que nos permite abordar la obra como un todo coherente a pesar de estar dividida en dos capítulos que aparecen para el desprevenido como materialmente distintos, aunque conexos, el primero de características jurídicas y el segundo desde la criminalística.

Esto de por sí habla de la generosidad entre ellos, algo que aunque no sea muy apreciado en la vida social moderna, tal vez porque no es económicamente rentable, ni sirve para la competencia individual, a nosotros nos permite adentrarnos en la personalidad.

Por eso el lenguaje utilizado no nos resulta extraño, es directo, simple, ordenado, preciso técnicamente, profundo y que sin esquivar los problemas nos muestran a sus autores como docentes. Incluso incorporan gráficos, esquemas comparativos y fotografías ilustrativas, utilizando modernas técnicas visuales de comprensión.

Manifiestan su preocupación por lo teórico y el estado actual del tema. Por el método científico. Por lo práctico, lo real y lo diario vivido. Las citas doctrinarias que no sólo son de clásicos sino también de las modernas, las precisas invocaciones de jurisprudencia de países como Costa Rica, el Salvador, o normativas como las de Colombia o Instructivo General del Ministerio Público de Chile, o el Informe del experto de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, entre otros. También una importante reseña bibliográfica final. Todo ello nos está mostrando el trabajo de investigación sobre una cuestión que no hay mucha labor latinoamericana, el análisis y las conclusiones que sobre el tema exponen.

Así podemos comprobar que la fácil lectura del texto, es debido a que está consolidado en una profunda formación teórica temática de sus autores, quienes presentan firmeza en sus convicciones y que sus experiencias las vuelcan en cada caso que es atinente su invocación.

¿Por qué se motivaron los autores?

Para ello debemos describir el libro y como anticipé, el libro consta de dos capítulos y tiene al finalizar un ESPACIO DE REFLEXIÓN, el primer Capítulo desde una visión jurídica tendiendo un puente de relación de conexidad con el segundo capítulo sobre criminalística, que comienza con la prueba, su concepto donde se advierte una indirecta relación con la teoría del caso en la litigación penal y una expresa y directa invocación a que el “proceso es la traspolación del método de investigación científica, al derecho.

A la tradicional distinción entre elemento de prueba y medio de prueba le agregan inmediatamente una distinción que acertadamente califican de muy útil, entre los actos de investigación y actos de prueba, incorporando el control para y sobre la prueba y discriminando según la función, dicha actividad en el proceso.

Sentadas estas bases teóricas incursionan sobre la finalidad de la Investigación Penal Preparatoria, para abordar seguidamente sobre el cuerpo del delito y la necesaria cadena de custodia.

Este es el punto de partida de la imprescindible conexión entre lo jurídico y la criminalística que los autores tratan bajo el acápite LA NOTICIA CRIMINIS Y EL INICIO DE LA INVESTIGACIÓN EN EL LUGAR DEL HECHO. Pero además es el punto de INFLEXIÓN entre el sistema procesal mixto o inquisitivo atenuado y el sistema acusatorio. Ahora la investigación no está más a cargo del Juez (de Instrucción), sino del Ministerio Público Fiscal y por ello los autores explicitan que se requiere la creación (o traspaso) de la Policía Judicial para que dependa de aquél quedando solamente bajo la órbita del Poder Ejecutivo la Policía de Prevención.

Esta tarea, pensada para el sistema acusatorio, requiere de especialistas que actúen bajo “una adecuada operación técnica, que depende muchas veces de aspectos éticos (compromiso con el trabajo), formativos (dominio de la técnica), logísticos (disponibilidad de recursos materiales), o de aspectos reglamentarios”.

Esa Policía Científica, dependiente del Ministerio Público, que directamente procesa y rescata del escenario los indicios motivan a los autores a establecer la necesidad de instrumentar una custodia en la cadena del cuerpo, instrumento, efectos y rastros materiales del delito y para ello, entienden que el órgano estatal competente debería producir las reglamentaciones necesarias que procuren protocolizar las tareas inherentes a la protección del corpus delicti, asegurando el debido proceso en la investigación.

Sin desconocer la realidad provincial y que no habiendo sido creada la Policía Judicial como tal y dependiente del Ministerio Público y que existen Actas de enunciación de competencia funcional y de la policía administrativa suscripta por el Procurador, la Suprema Corte de Justicia y el Ministerio de Seguridad por el Poder Ejecutivo, plantean que debería ser la cabeza del Ministerio Público como encargado de la investigación criminal quien debiera dictar la reglamentación sobre la cadena de custodia, entendida como el conjunto de operaciones que deben aplicar quienes como auxiliares técnicos del proceso penal en todas sus etapas toman contacto con los indicios que surgieron con los actos preparatorios, en el momento mismo de su comisión, o en los inmediato-posteriores del delito.

Esta reglamentación permitirá el adecuado tratamiento sobre los elementos que sustentarán las probanzas, cuya urgencia nace del camino inexorable que se emprendió cuando se dispuso adoptar el nuevo código procesal y de la realidad diaria, como fue el caso “Micaela Reina” que se nos recuerda en la obra.

El último acápite del capítulo, denominado EL FUNDAMENTO DE LA CADENA DE CUSTODIA DE LOS ELEMENTOS DE PRUEBA, donde luego de conceptualizar la idea de la Cadena de Custodia, nos convoca a meditar sobre el paso de modelos inquisitivos o mixtos, en la última década en los países latinoamericanos a un sistema de enjuiciamiento penal acusatorio, para ello trabajan comparativamente la cadena de custodia en cada sistema. Exponen cómo en el sistema anterior la posición del juez como imparcial, daba las seguridades psicológicas para no permitirse exigir con rigor, las normas de identificación y almacenamiento para la conservación de los elementos de prueba, que posteriormente iban a ser utilizados en el juicio oral como prueba de cargo. Bastaba secuestrar cierta cantidad de elementos y entregar ese número.

Hoy no es así. Al cambiar el sistema de enjuiciamiento, con una separación de las funciones entre acusar y juzgar, fundamentalmente porque la investigación penal preparatoria está a cargo del Fiscal, quien no sólo debe probar que los elementos han sido recolectados en el lugar del hecho o relacionado con el hecho, respetando las garantías constitucionales, sino que también deberá probar la identidad entre los elementos recolectados y los llevados al juicio, como que no han sido alterados ni destruidos, dolosa o culposamente, de ahí adquiere una relevancia este tema de la Cadena de Custodia a la que no estábamos acostumbrados.

Entonces, la única forma de probarlo es con un protocolo sobre la cadena de custodia, que establezca las etapas y técnicas necesarias para asegurar, la identidad, integridad y adecuada manipulación de los elementos de prueba, evitando que pueda ser cuestionada y excluida por defectuosa o inidónea.

Ya en el segundo capítulo se recorre desde una ambientación en la Criminalística jurídicamente actual, sus fines y fuentes, para abordar sobre LOS TESTIGOS MUDOS: los INDICIOS, explicitando la diferencia conceptual desde lo jurídico y lo criminalístico, para exponer este último enfoque, relacionando el delito y los indicios. Sobre éstos en los casos de interacción de cosas o de personas. Las fuentes de ellos: como el escenario de los hechos; medio empleado; víctima; autor, otros. Las diversas categorías de los indicios por el origen: mecánico, físico, biológico, químico o informático.

Luego, bajo la designación de MANIPULACIÓN DE INDICIOS EN LA CRIMINALÍSTICA DE CAMPO, nos recuerdan que “La criminalística como forma de investigación científica del delito, responde naturalmente a un método… científico, que le es propio”.

Para lo cual señalan como primera necesidad el Cuidado y preservación de los indicios, marcando los casos de provisión de material insuficiente, inadecuado, contaminado, deteriorado, destruido o no especificado. Y como segunda necesidad el Levantamiento de los distintos tipos y cantidades de muestras que exigen los estudios, con el material de origen dudoso, la muestra testigo, como la de comparación y certeza. Indicándonos que la cantidad de muestra debe ser para los exámenes fundamentales, los confirmatorios y los ulteriores.

Luego bajo el nombre de PROCESAMIENTO DEL LUGAR desarrollan los trabajos que debe realizar el equipo de investigadores y que resultan fundamentales para la cadena de custodia.

Primero, la Preservación del escenario. Es decir proteger el material significativo, asegurando la integridad de la información. Nos plantean cuando y como preservar.

En segundo lugar nos explican el Levantamiento de esos indicios las maniobras o modo para ello, dando una detallada descripción según el origen de cada tipo de indicio y su transportabilidad, del cómo se debe efectuar. Concluyendo con las consecuencias que acarrea un levantamiento deficiente y su implicancia probatoria.

En tercer término, el Embalaje, con el fin de proveerle una cubierta acorde al indicio, cuya actividad comprende el empaque, sellado y etiquetado. Describiendo el cuándo, qué y cómo empacar, para inmediatamente describir la forma de hacerlo con algunos elementos como: armas, manchas de sangre, de semen u otros fluidos orgánicos, pelos y fibras, prendas, cuerdas, sogas, cartuchos, proyectiles, vainas y tacos, residuos de disparo de arma de fuego, muestras de hidrocarburos, vidrio, plástico, mica, tierra y de documentos, billetes y otros valores. Finalizan explicando que la ausencia del embalaje afecta la integridad del indicio y por ellos da posibilidad a su contaminación, deterioro o destrucción y afecta la cadena d custodia.

Luego se refieren a cómo deben ser hechos el Marcado, sellado y etiquetado. De ellos merece una especial atención el último, ya que la cantidad de datos sobre el origen, identificación del proceso, de las circunstancias de tiempo lugar, su cantidad, descripción y la asignación de un código de identificación único a cada indicio, la descripción de la técnica empleada para su levantamiento o extracción, el destino al que se lo someterá, el nombre y demás datos que permiten individualizar a quien realizó el levantamiento, como de la autoridad a cargo de quien estaba la investigación y en su caso los testigos, permiten conocer y acreditar la legitimidad de su origen y recolección, como de permitir verificar (controlar) la identidad entre los elementos recolectados y los llevados a juicio.

Por último, tratan sobre la Conservación, según la naturaleza del indicio.

Una cuestión trascendental es que la tarea desplegada en la forma descrita permite además del control sobre la legitimidad de los elementos probatorios, determinar el grado de responsabilidad de cada uno de aquellos que han intervenido en la cadena de custodia.

El capítulo finaliza con un parágrafo titulado precisamente la CADENA DE CUSTODIA pero vista ahora desde la Criminalística, sin dejar de tener en cuenta las necesidades jurídico-probatorias.

Ubican a los investigadores criminalísticos en la macro estructura encargada de administrar justicia y sobre quienes cae la responsabilidad material primaria de aplicar el conjunto de tareas de la cadena de custodia. Cadena de custodia que aclaran es común a todo proceso de investigación, porque ella tiene como objeto general garantizar de forma científica la unívoca relación entre el indicio y el análisis.

Luego de trabajar el concepto de la cadena de custodia y su significado, sintetiza su razón en palabras del costarricense Guillermo Hernández Ramírez: seguridad jurídica.

Enuncian las fases de la cadena de custodia y desarrollan los principios que la rigen, describiendo detalladamente el paso a paso para su logro, acompañando los modelos de formularios atinentes a dicha tarea.

Clausuran el capítulo con el caso de no aplicación de este protocolo, recordando palabras de Pedro Díaz experto de la Comisión Interamericana de Derecho Humanos que podemos sintetizar en: la importancia del diseño e implementación de un plan de nuevos modelos de investigación criminal que involucre la revisión de los recursos logísticos y materiales disponibles; la actualización; la aplicación de procedimientos de cadena de custodia de evidencia, control de gestión y calidad del trabajo, etc…

Estas palabras anticipan un camino que vamos a transitar a no muy largo plazo…

El libro concluye con un ESPACIO DE REFLEXIÓN donde los autores exponen que históricamente las causas judiciales se revolvían en su mayoría en base a declaraciones testimoniales, pero el avance de la tecnología y la especialización destaca la creciente importancia de la prueba pericial, por ello manifiestan su interés en mantener el valor probatorio de los indicios advertidos en el escenario del crimen.

Ya describimos el libro y con ello estimo podemos desentrañar el por qué se motivaron los autores, hay un cambio de modelo, o por lo menos está la decisión de gobierno de producir ese cambio de sistema de investigación y enjuiciamiento penal a uno de tipo acusatorio con la sanción del nuevo Código Procesal Penal el cual fue programado como gradual en todos sus aspectos. La aplicación de ese nuevo sistema requiere no sólo crear cosas nuevas (normativas, o de recursos materiales y humanos) sino de la necesaria adaptación de las anteriormente vigentes (estructura, administración, gestión, etc.) al nuevo horizonte, de complementación (de las nuevas actividades o formas de ejercer la función) y la profundización del modelo, para el logro del buen funcionamiento del sistema. Entonces, así como es impensable un sistema acusatorio moderno sin una ley de Ministerio Público acorde, tampoco es posible sin la reglamentación de la cadena de custodia.

Por ello estimo que la motivación era exponer esta necesidad de reglamentación, de la mejor manera posible, como lo han hecho: pensándolo desde nuestra realidad, desde nuestras propias posibilidades, de las metas que somos capaces de proponernos y alcanzarlas. Observando, estudiando, analizando lo dado en la temática y adaptándolo a las circunstancias del momento que históricamente transitamos.

¿Para qué lo hicieron?

Ese mostrar una necesidad implica invitar al debate imprescindible para abordar el tema que si bien no es extraño en los ámbitos que rigen los sistemas acusatorios, si lo es para nosotros, o por lo menos lo es con las características reseñadas en el libro.

La trascendencia está en la relación inexorable entre el sistema acusatorio, en especial la separación de las funciones de los jueces y fiscales y que éstos son ahora quienes deben asegurar la legitimidad del origen de los indicios, como de su tratamiento, evitando que la manipulación o contaminación de los mismos lleve a la exclusión o ilicitud de la prueba, es decir evitar el fracaso. Es decir, no sólo se aseguran los derechos, sino que se contribuye a la eficacia del sistema.

Concluyendo el libro “Cadena de Custodia” es una herramienta útil no sólo para los especialistas en criminología, sino para los Fiscales, sus ayudantes, la Defensa y los jueces y con ello se verá beneficiada la sociedad.

Me queda sólo agradecerle a los autores el trabajo y el amor que pusieron en el.