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Inducción jurídica PDF Imprimir E-mail
Jueves, 20 de Enero de 2011 12:17

La llamada "inducción jurídica"

 

(EXTRACTO DEL LIBRO DE: ALCHOURRÓN, Carlos E. – BULYGIN, Eugenio; “Introducción a la metodología de las ciencias jurídicas y sociales”; Editoral Astrea; Bs. As.; 1975; págs. 130/133).

¿Cuál es la naturaleza lógica de la operación mediante la cual el jurista transforma una pluralidad de normas en una norma de mayor generalidad (normativamente) equivalente a las normas primitivas? El examen de esta cuestión puede arrojar alguna luz sobre los métodos y el carácter de la ciencias jurídica.


 

Sebastián Soler, tras señalar que “el trabajo principal de la reconstrucción propiamente técnica de un sistema jurídico no es … una pura serie deductiva”, sostiene que la generalización consistente en la extracción de las “reglas y principios generales de los preceptos concretos y aislados del derecho positivo es una operación inductiva[23]. Pero Soler opone esta “inducción jurídica”, en la que la conclusión está plenamente garantizada por las premisas, a la “inducción por enumeración”, que se practica en las ciencias fácticas y cuyo resultado es meramente probable. Al mismo tiempo, Soler subraya, al polemizar con Kantorowicz, que la inducción jurídica no es un silogismo y que el silogismo no es “la única manera posible de llegar a conclusiones lógicamente válidas”[24].

Que el silogismo no es la única forma de razonamiento lógicamente válido es una verdad ampliamente demostrada por la lógica contemporánea. La observación de Soler no deja de tener, sin embargo, su importancia, porque no pocos juristas –aun de aquellos que escriben sobre temas de lógica- ignoran, curiosamente, muchos adelantos de la teoría lógica. Más interesante, empero, es la cuestión de saber si la operación calificada por Soler como “inducción jurídica” es –lógicamente hablando- una inducción o un deducción.

Aristóteles[25] define la inducción como el “paso de los particulares a los universales”, Siguiendo esta definición, la tradición aristotélica caracteriza la diferencia entre el razonamiento deductivo y el razonamiento inductivo en los siguientes términos: el razonamiento deductivo es una conclusión de lo universal a lo particular o lo singular, el razonamiento inductivo es una conclusión de lo particular a lo universal[26]. Esta caracterización es manifiestamente insuficiente; la conclusión de un razonamiento deductivo no tiene por qué ser particular, ni es necesario que sus premisas sean generales. Por eso, en la lógica moderna se adopta otro criterio de diferenciación: deductivo es todo razonamiento lógicamente válido, es decir, un razonamiento en el cual la verdad de las premisas garantiza la verdad de la conclusión, esto es, no puede darse el caso de que las premisas sean verdaderas y la conclusión falsa. Otra manera de expresar la misma idea es decir que las premisas implican lógicamente la conclusión. En un razonamiento inductivo, en cambio, no se da tal relación de implicación lógica; las premisas no garantizan la verdad de la conclusión, sino que se limitan a indicar tan sólo su grado de probabilidad o confirmación[27].

Frente a la distinción formulada en estos términos, resulta evidente que la operación que Soler llama inducción jurídica es una inferencia deductiva, se es verdad que conduce, como afirma Soler, a conclusiones lógicamente válidas y que las premisas garantizan plenamente la verdad de la conclusión[28].

Sin embargo, es interesante observar que la terminología de Soler –aunque no esté de acuerdo con la terminología usada en la lógica moderna- tiene antecedentes ilustres. Fue nada menos que Aristóteles el que por primera vez examinó esta forma de inferencia, que consiste en una generalización a partir de todos los casos de un género[29].

Aristóteles llama inducción a este razonamiento y señala que en cierto modo esa inducción –que manifiestamente es distinta de la inducción que Aristóteles caracteriza en Tópica[30]- puede oponerse al silogismo, aunque también puede ser considerada como un caso especial de este último, e insiste en que esta inducción “procede a través de una enumeración de todos los casos”[31]. El ejemplo mencionado por Aristóteles es, como lo señala Prior[32], poco feliz ya que es extraído de la ciencia natural, donde justamente no se presenta la posibilidad de examinar todos los casos de una generalización. Sin embargo, añade Prior, la “inducción” aristotélica tiene múltiples usos en “ciencias más abstractas” (como la lógica y la matemática) y proporciona un ejemplo tomado de la lógica. Prior analiza los intentos de Aristóteles y de De Morgan de reducir esta forma de inferencia a una de las figuras del silogismo. No tenemos por qué entrar en estos tecnicismos; lo cierto es que la “inducción” aristotélica es una forma de inferencia lógicamente válida, aunque no sea reducible sin más a figuras silogísticas, y es, por consiguiente, una inferencia deductiva. Este tipo de inferencia es muy usado en matemáticas[33] y –según parece, si tiene razón Soler- también en la ciencia jurídica.

Para decidir si la inducción jurídica es efectivamente una inferencia lógicamente válida del mismo tipo que la inducción aristotélica y el razonamiento por casos de los matemáticos, tenemos que analizar sus supuestos. Hemos visto ya que la validez de la inducción aristotélica depende esencialmente de la posibilidad de inspeccionar todos los casos de un género. La diferencia con el silogismo común puede expresarse –como lo subraya Prior- en un lenguaje kantiano, diciendo que en vez de probar un caso por la regla, en la inducción se prueba la regla observando el resultado en todos los casos.

Una posibilidad de inspeccionar todos los casos se da cuando su número es finito. Si el número de los casos posibles es infinito, no se pueden revisar todos ellos. Soler insiste en que la inducción jurídica es una inferencia lógicamente válida porque se cumple en ella esta condición: el material que maneja el jurista es limitado, ya que el número de reglas de las que el jurista extrae el principio general es finito. “La inducción jurídica es legítima solamente en la medida en que el principio general es extraído de la totalidad de los preceptos inferiores, y la operación es posible, porque la serie de estos últimos es siempre limitada”[34]. Esta tesis parece implicar que el conjunto de enunciados válidos es necesariamente finito, propiedad a la que Soler alude bajo el nombre de “finitud lógica del sistema”[35].

La tesis del finitismo es verdadera para el derecho positivo. Si el derecho positivo es el derecho creado por los hombres, entonces el número de los enunciados válidos no puede ser infinito, ya que éstos han sido formulados mediante pasos sucesivos y finitos.

Si se acepta la posición positivista según la cual todo derecho es derecho positivo, entonces la tesis finitista es válida sin restricciones. Pero para una posición jusnaturalista esto no es necesariamente así. Un sistema de derecho natural puede estar formado (aunque no necesariamente) por un infinito número de enunciados creados por Dios (que, como ser infinito, bien puede crear un número infinito de enunciados). En este caso la tarea de la sistematización (o mejor, de la axiomatización) consistiría en hallas una base finita equivalente al sistema de derecho natural. Pero también es posible que el conjunto de los enunciados del derecho natural de este tipo no sea axiomatizable.

Desde el punto de vista práctico, es indudable que la ciencia del derecho de los últimos 150 años opera casi exclusivamente con el derecho positivo. Muy rara vez se admiten en la base enunciados que no sean de derecho positivo. Esto vale incluso para los juristas dogmáticos que en el plano filosófico o ético son partidarios declarados de la doctrina del Derecho Natural.

Por consiguiente, en el ámbito jurídico se cumple –por lo menos para el derecho positivo- la condición de finitud, necesaria para la validez lógica del razonamiento por casos. La inducción jurídica es, por lo tanto, una inferencia deductiva (lógicamente válida) del mismo tipo que la que se usa en las ciencias formales: la lógica y la matemática.



[23] Soler, Sebastián, Interpretación de la Ley, cit., p. 176 (Barcelona, 1962).

[24] Soler, ob. cit., p. 178.

[25] Tópica, i. 12 (105ª 10-16)

[26] Überweg, System der Logik und Geschichte der logischen Lehren, 1857.

[27] Carnap, Rudolf, Logical Foundation of Probability, cit. P43 y ss (2ª ed., Chicago, 1962)

[28] Soler, ob. cit., p. 176 y s.

[29] Aristóteles, Analytica Priora, II, 23 (68b 15-29).

[30] Véase supra nota 25.

[31] Analytica Priora, II, 23 (68b 28-29).

[32] Prior, A. N., Formal Logic, Oxford, 1965, pas. 141-145.

[33] J. Barkley Rosser, Logic for Mathematicians, Nueva York, 1953, ps. 34-35.

[34] Soler, ob. cit., p. 178.

[35] Soler, ob. cit., p. 178.